El Palomar: descubrí todos los secretos del Colegio Militar
El Colegio Militar de la Nación, ubicado en el extremo norte de la localidad de El Palomar, partido de Morón, es quizás la institución más icónica del Oeste debido a su importancia histórica para el país y el Ejército Argentino, por lo que tener la posibilidad de entrar a su enorme predio y conocer los datos que tiene ocultos en su césped y los emblemáticos edificios, que no parecen sentir el paso del tiempo.
Al pasar por el imponente arco de la entrada, que muestra una gran bandera nacional de fondo acompañada por el cielo celeste y el Sol radiante, lo primero que a uno le llama la atención es el Palomar de Caseros, una estructura construida hacia 1750, nombrada como monumento en 1942 y que poseía un total de 9.999 espacios para la cría de palomas, la principal fuente de alimento de la familia de Don Diego (no siempre se podía carnear vacas) y los trabajadores de esa estancia en el siglo XVIII.
Alejado de la casa del propietario debido a los olores que emanaban las aves, todavía se pueden ver los orificios de las balas que dejaron los bandos de Rosas y Urquiza aquel 3 de febrero de 1852. Las reformas produjeron que la capacidad de la edificación baje a alrededor de 6.700, aunque la paja y algunos nidos prevalecen.
La casa es un túnel que te dirige hasta 150 años atrás, con símbolos de los unitarios y federales en sus paredes y en donde se montó un hospital de campaña durante la Batalla de Caseros, en el que el Doctor Claudio Mamerto Cuenca fue asesinado por pedir clemencia con sus heridos pese a tener la bandera blanca izada. Una cruz de madera pintada de negro se puede ver en el interior, que presuntamente colocaron los soldados curados para homenajear a quien dio la vida por ellos.
Entre 1937 y 1941 funcionó allí la Escuela de Caballería, pero después se la sometió a un proceso de remodelación que hizo que se la declarara monumento histórico nacional en 1983. Las tratativas preliminares al Pacto de San José de Flores también se llevaron a cabo en sus habitaciones.
Pasando para el Museo de Armas, la gran cantidad de fusiles, ametralladoras, torpedos, misiles teledirigidos y cañones asombran a cualquiera, aunque lo que más llama la atención son dos maquetas: una que recrea el épico conflicto que marcó la historia de la nación para siempre y la otra hace alusión a las Ruinas Gloriosas del Alcázar de Toledo, realizada con los restos de esa fortaleza que le fue donada a Eva Perón en 1943.
Finalmente llegamos al Patio de Honor "General San Martín", el lugar donde se hace el egreso conjunto de las tres Fuerzas Armadas. Ese día no estaba la bandera porque los cadetes están realizando maniobras militares en los distintos campos del Ejército y la misma indica que hay clases de aula. Los vitrales de cada uno de los directores del Colegio rodean el hall y por encima se ven los tres pilares de la institución en el techo: orden, gloria y valor.
En el medio de esos tres está el subvalor de la perseverancia, donde se representa el subvalor de la perseverancia que acompañó al Padre de la Patria durante toda su campaña, y las columnas de alrededor implican la fortaleza de su figura. A su vez, el color del estrado se debe a que, en la mitología romana, Marte, dios de la guerra, tenía una capa del mismo tono, que además identifica a la Caballería.
Un último dato a destacar es que cada año del Colegio Militar se gradúan unos 150 estudiantes e ingresan otros 500, mientras que el alumnado actual está compuesto en un 80% por hombres y el otro 20% de mujeres.







