En el Día del Maestro, la historia de Rosa: "La educación, es el vestido de fiesta para la vida"
Cada 11 de septiembre se conmemora el Día del Maestro, una fecha que le rinde homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, y con motivo de celebrar a los maestros Viví el Oeste diario dialogó con Rosa Mazzeo, una docente de Morón recientemente jubilada que dedicó 45 años de su vida a la educación.
Rosa repasó sus inicios en las aulas, los desafíos de su carrera y el legado que dejó en cientos de estudiantes. "Empecé a los 17 años como suplente en una escuela de La Matanza, mientras estudiaba", recordó la docente que se jubiló el mes pasado y que ahora seguirá teniendo un vinculo con la educación pero desde otro lado.
Años más tarde Rosa se recibió, y pasó por diferentes colegios como el Dorrego y el Chacabuco dejando una huella en cada alumno, y "más tarde me capacité y rendí para cargos directivos hasta llegar a ser directora", recordó.
De las aulas a estar frente a la dirección de escuelas
Durante su gestión, Rosa impulsó proyectos innovadores y apostó siempre a ampliar los horizontes de sus alumnos: "Cuando llegué a la secundaria 25 eran muy poquitos chicos. Con rifas y mucho esfuerzo organizamos un viaje a Mundo Marino. Muchos no conocían el mar. La escuela debe ser eso: abrir puertas, mostrar que se puede lograr lo que uno sueña".
Su frase de cabecera resume su mirada sobre la docencia: "La educación es el vestido de fiesta para la vida". Bajo esa convicción, buscó que sus estudiantes se formaran no solo en contenidos, sino también en herramientas para afrontar la vida: pensamiento crítico, convivencia y confianza en sus propias capacidades.
Para Rosa, la vocación docente implica "dar todo, incluso más allá de los contenidos. Cuando dos directora sos plomero, electricista, consejera, madre y sobre todo, alguien que escucha. Siempre tuve mi puerta abierta porque la escuela es el lugar donde los chicos se sienten protegidos".
El presente de Rosa, tras dedicar 45 años de su vida a la educación
Hoy, ya jubilada, recibe mensajes de exalumnos que la recuerdan con cariño y le agradecen la huella que dejó. "Me emociona ver que muchos pudieron ser profesionales, formar sus familias o irse al exterior y aún así escribirme. Eso es mi orgullo: haber cambiado vidas", expresó.
De cara a las nuevas generaciones de maestros, dejó un consejo claro: "Escuchen a sus alumnos, prepárenlos para la vida y denles las herramientas para convivir. La vocación se demuestra con compromiso y alegría. La escuela debe ser un lugar para aprender, pero también para ser feliz".
En su despedida de la vida activa docente, la comunidad educativa le rindió un emotivo homenaje, reconociéndola como "la pieza que marcó la diferencia", tras su legado de directora. Rosa, agradecida, resumió lo que fue su carrera: "Dediqué mi vida entera a la escuela, y lo hice con amor. Ese es el mayor legado que puedo dejar".


