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Castelar: Colocan una placa en el Castillo Ayerza

Colocaron una placa en el Castillo Ayerza de Castelar que lo reconoce nuevamente como patrimonio cultural de Morón. Repasamos su historia.

Autoridades educativas y municipales de Morón colocaron una placa en el Castillo Ayerza de Castelar, en donde se inscribe que se trata de un lugar histórico y patrimonio cultural del distrito.

"Junto a las autoridades educativas del Instituto Inmaculada descubrimos una placa en el edificio, ubicado en Pedro Goyena 1990, que fue declarado Lugar Histórico de Interés Municipal a través de una ordenanza del Concejo Deliberante de Morón. Este espacio es uno de los pocos del distrito que se conservan desde del siglo XIX, por lo que tiene un gran valor significativo para toda la comunidad", expresó el Intendente de Morón, Lucas Ghi, de manera oficial.

Cabe destacar que el Castillo Ayerza es considerado un bien patrimonial de Morón, ya que fue declarado como un lugar histórico a partir de la normativa N°5942/2004 votada por el Concejo Deliberante en el año 2009.

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LA PERLA LARGO

Se trata de una quinta paradigmática en Castelar que se conoce con el nombre de Castillo de los Ayerza. Hoy forma parte del complejo educativo del Instituto Inmaculada y es uno de los pocos ejemplos de construcciones señoriales que aún se mantienen en pie.

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El Castillo Ayerza está ubicado en Castelar, partido de Morón.

El Castillo Ayerza está ubicado en Castelar, partido de Morón.

Esta mansión, que muestra una clara influencia de la arquitectura francesa, fue adquirida por Rómulo Ayerza en 1896, junto con el predio de 15 hectáreas que la circundaba, que se extendía desde el arroyo Morón hasta la calle Zapiola en Castelar.

La familia se instaló en ese paraje debido a la fama de la pureza del aire de la localidad. Este edificio es un típico palacete francés, antaño rodeado de amplios espacios verdes. Con una estricta simetría academicista, posee tres niveles y un subsuelo. El acceso principal al castillo daba al norte, hacia donde estaba orientada la escalinata de entrada de la casa. La fachada de la mansión era de un color rosa oscuro. Aunque su nombre originario era Crisantheme, Rómulo Ayerza la rebautizó como San José e hizo colocar una estatua de este santo en la entrada.

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Una de sus descendientes, Esther Ayerza, la describe de esta manera: “Entrabas por una calle de casuarinas que iba hasta la casa… tres o cuatro cuadras. Después llegabas y había una escalera grande de mármol. Subías, entrabas, y había un hall largo. A la derecha la primera puerta, que tenía un vitraux, era la capilla donde todos los días había misa, en época de abuelo. A la izquierda estaba, al frente el escritorio, y después estaba el dormitorio principal, que era donde dormía abuelo… Luego el gran comedor y el baño. Después el comedor tenía una especie de office grande separado por una mampara de vidrio y un monta carga por donde se bajaba o subía la comida, porque la cocina era abajo”.

El amoblamiento de la casa era muy sobrio, aunque los muebles habían sido traídos de Europa. Respondiendo a una marcada jerarquización de usos y funciones, los propietarios habitaban los pisos superiores, a los que se accedía por una escalera de roble, mientras que el subsuelo de la casa estaba destinado al personal doméstico, donde se encontraban sus dormitorios, la despensa, la cocina y el comedor de servicio.

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El piso superior del Castillo Ayerza estaba ocupado por una gran buhardilla o mansarda. Pero el castillo no era la única construcción existente en ese amplio predio. Hacia el arroyo estaban las caballerizas o cocheras y las casas de los peones que se ocupaban de la huerta y los viveros. Buena parte de los terrenos estaba ocupado por frondosas arboledas y frutales. La quinta de los Ayerza fue famosa por sus rosedales, que se extendían sobre 2 hectáreas y albergaban una extraordinaria colección de rosas, que su propietario, Rómulo Ayerza, encargaba a Europa.

En la década de 1950 la quinta fue subdividida y el casco quedó en manos de los Padres Oblatos que lo convirtieron en el primer edificio donde funcionó el Instituto Inmaculada. El resto del terreno fue loteado y hoy el barrio lleva el nombre de Parque Ayerza.

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