Cinco errores que cometen los argentinos cuando deciden instalarse en Estados Unidos

Emigrar a Estados Unidos continúa siendo el sueño de muchos argentinos. Sin embargo, detrás de la ilusión de comenzar una nueva vida existen desafíos que no siempre se tienen en cuenta.

En esta entrevista con Viví el Oeste diario, Carolina Acquila, abogada argentina, Business Broker en Florida y CEO de Emigrar a USA, quien desde hace casi una década vive en Orlando y acompaña a familias y emprendedores en sus proyectos de relocalización, profundizó diferentes aspectos que deben tenerse en cuenta a la hora de emigrar. 

-Carolina, después de tantos años viviendo en Estados Unidos y acompañando a otros argentinos en sus procesos de emigración, ¿cuáles dirías que son los errores más frecuentes?

Creo que el principal error es pensar que emigrar consiste simplemente en mudarse de país. Muchas personas se entusiasman con la idea de vivir en Estados Unidos, pero no siempre dimensionan todo lo que implica comenzar una vida desde cero.

Yo también pasé por ese proceso con mi familia, así que conozco muy bien esa mezcla de ilusión, entusiasmo, incertidumbre y miedo.

Con los años fui identificando cinco errores que se repiten bastante y que, con una buena planificación, en muchos casos pueden evitarse.

-¿El primero tiene que ver con las expectativas que tenemos sobre Estados Unidos?

Muchos argentinos conocen Estados Unidos por sus vacaciones. Vienen a Orlando, Miami o Nueva York, disfrutan de los parques, los shoppings, la infraestructura, la organización y la sensación de que todo funciona.

Y es lógico que se enamoren de esa experiencia. Pero una cosa es venir de vacaciones y otra muy distinta es vivir acá.

Cuando sos turista no te preocupás por los seguros médicos, los impuestos, el costo de mantener una casa, la escolaridad de tus hijos o cómo funciona tu historial crediticio.

La vida cotidiana tiene responsabilidades que no vemos durante las vacaciones. Por eso siempre digo que antes de elegir una ciudad para instalarse hay que conocer su realidad, no solamente sus atractivos turísticos.

-Otro de los errores que mencionás es no conocer las opciones migratorias. ¿Qué suele pasar en estos casos?

Pasa algo bastante frecuente: primero toman la decisión de mudarse y después empiezan a averiguar cómo podrían hacerlo legalmente. Y debería ser exactamente al revés.

Hay personas que creen que por comprar una propiedad pueden obtener una residencia, que abrir una empresa automáticamente les permite conseguir una visa o que pueden ingresar como turistas y comenzar a trabajar mientras resuelven su situación.

Pero el sistema migratorio estadounidense tiene reglas muy específicas. Existen diferentes alternativas relacionadas con inversiones, empleo, estudios, vínculos familiares y determinados perfiles profesionales, pero no todas son apropiadas para todas las personas.

Lo importante es analizar cada situación antes de tomar decisiones importantes, como vender una casa, renunciar a un trabajo o invertir los ahorros de toda una vida.

Siempre insisto en algo: no alcanza con tener ganas de emigrar, hay que tener un proyecto migratorio legalmente viable.

-Hablemos de dinero. ¿Los argentinos suelen calcular mal cuánto cuesta instalarse?

Sí, y creo que es uno de los errores que más problemas puede generar.

Muchas veces escucho frases como: "Llevamos unos ahorros y después vemos cómo nos acomodamos". Pero instalarse en Estados Unidos implica muchos gastos que no siempre se contemplan.

Alquilar una vivienda, pagar depósitos, comprar o financiar un auto, contratar seguros, equipar una casa y cubrir los gastos cotidianos puede consumir una parte importante del presupuesto inicial.

Además, cuando recién llegás, generalmente no tenés un historial crediticio construido, y eso puede complicar algunas operaciones o encarecerlas.

También hay que entender que Estados Unidos es enorme y que el costo de vida varía muchísimo según dónde elijas instalarte.

Y algo fundamental: no hay que asumir que desde el primer día vamos a tener ingresos. Conseguir un empleo, siempre que se cuente con autorización para trabajar, o poner en marcha un negocio puede llevar más tiempo del esperado.

Por eso recomiendo preparar un presupuesto realista y contar con una reserva económica para afrontar imprevistos.

-¿Y qué sucede con quienes quieren emprender o comprar un negocio en Estados Unidos?

Ahí aparece otra cuestión muy interesante: creer que los negocios funcionan igual que en Argentina.

Como Business Broker veo con frecuencia personas que llegan con ideas muy buenas, experiencia comercial y ganas de trabajar, pero que desconocen algunas particularidades del mercado estadounidense.

Acá hay procedimientos, regulaciones, licencias, contratos y obligaciones que pueden cambiar según el estado, el condado o la actividad que se quiera desarrollar.

Comprar un negocio existente, por ejemplo, puede ofrecer ciertas ventajas frente a comenzar uno desde cero, pero eso no significa que cualquier negocio sea una buena inversión.

Hay que analizar números, gastos, contratos, condiciones del alquiler, funcionamiento operativo y riesgos.

Lo mismo ocurre con quienes quieren abrir su propia empresa: constituir una sociedad puede ser relativamente sencillo, pero eso no significa que el negocio vaya a funcionar ni que su propietario tenga automáticamente derecho a vivir o trabajar en Estados Unidos.

La clave es entender que una buena oportunidad comercial y una opción migratoria viable son dos cuestiones distintas que deben analizarse cuidadosamente.

-Mencionaste también que uno de los errores es querer hacer las cosas como las hacíamos en Argentina. ¿A qué te referís?

A que muchas veces llegamos con nuestras costumbres, nuestras experiencias y una forma de resolver las cosas que nos funcionó durante toda la vida.

Pero de pronto descubrimos que acá muchos procedimientos son diferentes.

Desde contratar un servicio o alquilar una vivienda hasta relacionarnos con un empleador o manejar un negocio.

Los contratos, los seguros, el cumplimiento de las normas y los antecedentes financieros tienen un peso muy importante. Y eso requiere adaptarse.

A veces no es fácil aceptar que, después de haber sido profesionales, empresarios o personas con una vida completamente organizada en Argentina, tenemos que volver a aprender cuestiones muy básicas. Pero es parte del proceso.

Yo siempre digo que emigrar requiere una buena dosis de humildad. Hay que estar dispuesto a aprender y entender que las cosas no necesariamente tienen que funcionar como estábamos acostumbrados.

Hasta ahora hablamos de cuestiones prácticas, económicas y legales. ¿Qué pasa con la parte emocional?

Para mí, es uno de los aspectos más importantes y, paradójicamente, de los menos planificados.

Cuando organizamos una mudanza internacional pensamos en los documentos, las valijas, la vivienda, los colegios y los gastos.

Pero pocas veces pensamos en cómo vamos a sentirnos cuando pase la emoción inicial y comience la vida cotidiana.

Porque emigrar también significa dejar atrás a nuestros afectos, nuestras rutinas, nuestros lugares y una parte importante de nuestra historia.

Se extrañan cosas enormes, como los cumpleaños familiares, pero también cosas muy simples: tomar un café con una amiga, compartir un domingo en familia o poder visitar a alguien sin tener que organizar un viaje internacional.

Y hay algo que me parece importante transmitir: se puede estar muy feliz con la decisión de haber emigrado y, al mismo tiempo, extrañar profundamente la vida que dejamos atrás. Una cosa no contradice la otra.

También hay que acompañar a los hijos, entender sus tiempos de adaptación y aceptar que no todos los integrantes de una familia viven la experiencia de la misma manera.

Por eso creo que la preparación emocional es tan importante como la económica o la migratoria.

-Después de casi diez años en Estados Unidos, ¿seguís creyendo que vale la pena emigrar?

Sí, Pero también creo que no es una decisión para todo el mundo.

Estados Unidos me dio oportunidades enormes y me permitió desarrollar una nueva etapa de mi vida personal y profesional.

Pero eso no significa que sea un camino sencillo ni que todas las personas vayan a encontrar acá lo que están buscando.

Creo que muchas veces idealizamos la vida en otro país y pensamos que cambiar de lugar va a resolver automáticamente nuestros problemas. Y no funciona así.

Emigrar implica esfuerzo, adaptación, renuncias y, sobre todo, mucha paciencia.

Para algunas familias puede ser una experiencia extraordinaria. Para otras, quizás el proyecto no sea el adecuado o simplemente no sea el momento.

Lo importante es poder tomar esa decisión desde la información y no solamente desde el entusiasmo.

-Para terminar, ¿qué consejo le darías a un argentino que hoy está pensando en comenzar una nueva vida en Estados Unidos?

Que no deje de soñar, pero que transforme ese sueño en un proyecto.

Que investigue, que se informe y, sobre todo, que se rodee de profesionales con experiencia que puedan acompañarlo en las distintas etapas del proceso.

Hoy tenemos acceso a una cantidad enorme de información. Internet, las redes sociales y herramientas como ChatGPT nos permiten encontrar respuestas en cuestión de segundos. Y eso es fantástico, pero también tenemos que entender que no todo lo que leemos se aplica a nuestra situación particular.

A veces me encuentro con personas que llegan convencidas de que pueden hacer determinada inversión, solicitar una visa o comprar un negocio porque lo consultaron con ChatGPT. Y siempre les digo, un poco en broma, que ChatGPT puede ser un excelente asistente, ¡pero todavía no reemplaza la experiencia de un buen profesional! (Risas).

Hay decisiones que involucran los ahorros de toda una vida, el futuro de una familia o una situación migratoria. Y esas decisiones merecen mucho más que una respuesta automática.

Contar con profesionales experimentados, que conozcan el mercado, las regulaciones y las particularidades de cada caso, no debería verse como un gasto innecesario, sino como parte de la inversión en el proyecto.

Y cuando hablamos de temas legales o migratorios, también es fundamental verificar que esos profesionales estén debidamente habilitados para brindar el asesoramiento correspondiente.

Mi consejo es que no tomen decisiones económicas irreversibles sin conocer primero sus posibilidades reales.

Y que tengan presente que emigrar no significa llegar a un país donde todo está resuelto, sino llegar a un lugar donde tendremos que construir muchas cosas nuevamente. A veces me preguntan cuál es el secreto para que una experiencia migratoria salga bien.

Y aunque no existe una fórmula que garantice el éxito, creo que hay algo que marca una diferencia enorme: prepararse para la vida que vamos a tener, no solamente para la vida que imaginamos.

Porque, al final, el verdadero sueño americano no consiste simplemente en llegar a Estados Unidos, sino en poder construir acá una vida que realmente nos haga felices.

 

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