2026-07-30

Francisco Pisano: "No hay negocio sin personas", la filosofía detrás de una empresa familiar que nunca perdió su esencia

La empresa nació en Castelar en 1969 y hoy cuenta con más de 20 sucursales. Francisco Pisano repasó los orígenes del negocio familiar, el crecimiento de la marca y explicó por qué la atención personalizada sigue siendo el sello distintivo de la firma.

Hablar de Pisano Pinturerías es hablar de una empresa con profundas raíces en la Zona Oeste. Lo que comenzó como un pequeño comercio familiar en Castelar se transformó, con el paso de los años, en una cadena con más de 20 sucursales, aunque sin perder el espíritu de la tradicional pinturería de barrio.

En una entrevista exclusiva con Jimena Puñet para el ciclo Made in Oeste, Francisco Pisano, integrante de la segunda generación de la empresa, recordó los inicios del emprendimiento y reveló cuál considera que es el secreto para haber crecido sin resignar la cercanía con los clientes.

"La clave está en la gente, en cómo formás a tu equipo. Cuanto más empático sos, más satisfactoria es la atención. Siempre buscamos acompañar a quienes llegan con un proyecto, ya sea la reforma de una casa, una mejora o cualquier necesidad relacionada con la pintura", explicó.

Según destacó, esa filosofía forma parte del ADN de la empresa desde sus comienzos y continúa vigente en cada una de sus sucursales.

"Nos gusta atender, nos gusta resolver problemas y ayudar a que cada cliente pueda concretar lo que quiere hacer. Esa es nuestra obsesión", afirmó.

Una historia que comenzó en Castelar

Los orígenes de la familia Pisano en la Zona Oeste se remontan a la década del 50. Francisco contó que fue su abuelo quien decidió mudarse a Castelar luego de que le recomendaran la zona por cuestiones de salud de uno de sus hijos.

"En aquel momento Castelar era prácticamente campo. Mi abuelo compró un lote sobre Sarmiento y Lobos y alquiló un local sobre la avenida Mitre. Ahí comenzó con un corralón que vendía de todo: ferretería, bazar, vidrios, alfalfa para caballos y también pintura", recordó.

Sin embargo, el gran cambio llegó en 1969: "Mi papá vendió su casa, su camioneta y compró mercadería para alquilar una parte del local de mi abuelo. Ahí nació oficialmente Pisano Pinturerías, dedicada exclusivamente al rubro de la pintura", relató.

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Crecer desde el mostrador

La historia de Francisco también está profundamente ligada al negocio familiar. Desde muy chico comenzó a recorrer el local, primero jugando entre los pasillos y luego colaborando en distintas tareas.

"Arranqué usando la bicicleta de los empleados y jugando con los carritos del negocio. Después, entre los 10 y los 12 años, ya empecé a trabajar en el depósito, especialmente durante los veranos. Me pagaban por hora y así empecé a ganar mi propio dinero", contó entre risas.

Con el tiempo pasó por prácticamente todas las áreas de la empresa: depósito, reparto, atención y logística.

"El negocio lo fui aprendiendo estando ahí, en el día a día. Acompañando al chofer en los repartos, asesorando a clientes y viendo cómo funcionaba todo", explicó.

El valor de las personas, el verdadero diferencial de Pisano Pinturerías

A pesar del crecimiento de la empresa, Francisco sostiene que el éxito nunca estuvo únicamente en los productos o en la cantidad de sucursales; para él, el principal activo siempre fueron las personas: "El secreto está en la gente y en cómo formás a tu equipo. Cuanto más empático sos, mejor termina siendo la atención."

Ese concepto atraviesa toda la cultura de la empresa.

"Nos gusta atender. Nos gusta resolver problemas y ayudar a que cada cliente pueda hacer realidad lo que imagina."

Actualmente Pisano Pinturerías trabaja con soluciones para interiores, exteriores, techos y revestimientos, manteniendo un fuerte componente de asesoramiento técnico, uno de los aspectos que Francisco considera irremplazable.

El desafío de asumir la conducción

En el año 2000, cuando su padre comenzó a dedicar mayor tiempo a la actividad política, Francisco entendió que había llegado el momento de asumir un nuevo rol.

Lejos de improvisar, elaboró un proyecto estratégico que presentó a toda la familia: "Mi idea no era hacer una revolución. Quería fortalecer los puntos de venta, modernizar los locales, mejorar la experiencia de compra y consolidar nuestra presencia en la Zona Oeste."

El objetivo era claro: crecer sin abandonar el territorio donde la empresa había nacido y evitar que grandes cadenas provenientes de otras regiones ocuparan ese espacio.

La crisis del 2001: el momento más difícil de la empresa

Apenas unos meses después de asumir, llegó uno de los desafíos más grandes de la historia de Pisano Pinturerías. La crisis económica de diciembre de 2001 encontró a la empresa con un importante nivel de endeudamiento.

"Prácticamente estábamos quebrados. La deuda con proveedores era enorme y tuvimos que reorganizar toda la compañía". Durante aquellos meses cerraron algunas áreas, salieron personalmente a recuperar créditos y renegociaron compromisos para mantener en funcionamiento el negocio.

Francisco reconoce que la recuperación económica posterior permitió comenzar a ejecutar el plan estratégico que había diseñado antes de la crisis. "Cuando tenés un plan claro y objetivos definidos, cada paso se vuelve mucho más sencillo."

Tecnología e innovación, una apuesta que comenzó hace más de 40 años

Aunque muchas personas asocian la transformación digital con los últimos años, la historia de Pisano muestra que la innovación forma parte de la empresa desde hace décadas.

Francisco recordó que, a principios de los años 80, mientras muchas compañías invertían en ampliar su flota de vehículos, su padre decidió apostar por la informática. "Siempre cuento que, en lugar de comprar un camión más, compró una computadora."

Gracias a esa decisión, la empresa comenzó a informatizar procesos comerciales cuando todavía era poco habitual en el sector. Décadas después incorporó el comercio electrónico, una herramienta que cobró especial relevancia durante la pandemia.

Sin embargo, Francisco considera que existe un aspecto imposible de reemplazar. "La experiencia de comprar pintura necesita asesoramiento. Hay muchas ideas para trasladar eso al e-commerce, pero el contacto humano sigue siendo fundamental."

De 11 a 27 sucursales: un crecimiento sostenido

Cuando Francisco tomó la conducción de la empresa existían 11 sucursales. Con el paso de los años llegaron a operar 30 puntos de venta y actualmente la cadena cuenta con 27 locales.

Ese crecimiento no estuvo exento de dificultades: "También cerramos sucursales. Uno aprende de los errores, corrige el rumbo y toma decisiones cuando algo deja de funcionar."

Para el empresario, la capacidad de adaptación ha sido una de las principales fortalezas de la empresa durante más de cinco décadas.

El legado para las próximas generaciones

Al finalizar la entrevista, Francisco fue consultado sobre cómo le gustaría que lo recordaran quienes continúen con la empresa en el futuro. Su respuesta volvió al mismo concepto que atravesó toda la conversación.

"No quiero que me recuerden por la cantidad de sucursales. Me gustaría que me recuerden como una buena persona que siempre intentó mejorar las cosas y ayudar a que la gente creciera."

Y concluyó con una reflexión que resume la filosofía de Pisano Pinturerías.

"No hay negocio sin personas. Puede existir inteligencia artificial, puede haber tecnología, pero sin el ser humano no hay empresa."

Más de medio siglo después de su nacimiento en Castelar, la historia de Pisano demuestra que es posible crecer, modernizarse y atravesar diferentes contextos económicos sin perder aquello que dio origen al proyecto: la confianza de los vecinos y el trato cercano que caracteriza a las empresas familiares de la Zona Oeste.

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